APUNTES SOBRE EL DINERO

ANTICIPANDO LA CRISIS DESDE EL TDC

ÍNDICE

1.- Voto particular en el expediente c 47/99 bbv/argentaria del tdc (año 2000)

 1.1.- La constitución de 1978, la ley de defensa de la competencia y el control de concentraciones y fusiones de empresas

 1.2.- Inflación, expansión crediticia y ciclos económicos.

 1.3.- Inflación e innovación tecnológica. La creatividad y la innovación son deflacionistas.

  1.4.- Propuestas finales

2.- Sobre cajas de ahorro y competencia

3.- Anexo

       Referencia al informe de concentración c 47/99 bbv/argentaria del TDC (año 2000)   

Todo y todos estamos encadenados al tiempo[1] como decía Emilio Lledó. Y los teóricos con un  mínimo de sentido científico han observado siempre la enorme relación entre economía[2] y transcurso temporal:

«Llamo estática económica a aquellas partes de la teoría económica en que no nos tomamos la molestia de fechar los acontecimientos; economía dinámica a aquellas partes en que toda cantidad ha de tener una fecha».[3] (…) «El concepto de la economía en que la mayoría nos hemos educado se basaba en la teoría estática, de modo que ahora, cuando nos encontramos con los lineamientos principales de una teoría dinámica[4] y ésta resulta ser muy diferente de la teoría estática, no tenemos más remedio que admitir que nuestra visión de conjunto de las cosas cambia».[5]

[1] El mito de la caverna no puede llevarnos a esta aporía. Las voces que nos llegan del pasado nos liberan de la ciega cadena de nuestro presente. El fondo  de nuestra propia caverna es esta temporalidad inmediata, que no nos deja ver las experiencias de los que nos precedieron. Encadenados al tiempo, los restos del pasado nos rompen la atadura a la inmediata naturaleza que nos atenaza. La temporalidad que nos sofoca se airea así por las experiencias pasadas y el escueto tiempo de nuestra existencia, se engarza en una colectividad que lo contextualiza y enriquece. Emilio Lledó, La memoria del Logos (Madrid: Taurus, 1996), p. 39.
[2] Cualquier análisis mínimamente científico en relación con el valor económico no puede obviar, a estas alturas de reflexión del pensamiento económico, la introducción del tiempo como factor de concreción decisorio.
[3] HICKS, op. cit., p. 129.
 [4] Al igual que Böhm-Bawerk, y Menger, Hicks –entre otros, pero ellos de forma destacada- criticará el estatismo de los antiguos estudios historicistas en el campo económico. Para este autor, el tiempo marcará las diferencias entre la estática y la dinámica económicas.
[5] HICKS, op. cit., p. 359.

FUNCIÓN ECONÓMICA DE LAS FINANZAS

Los resquemores ignorantes y las fobias ideológicas hacia todo el mundo financiero se han exacerbado con motivo de los numerosos casos de corrupción en la llamada ingeniería financiera. Quizás sea bueno recordar, de nuevo ahora, la bondad básica de los sistemas financieros en los que, cada vez con mayor cercanía en nuestra civilización occidental, todos estamos inmersos. Ello no significa que las actuaciones concretas en el mundo financiero no sean muchas veces erróneas, perjudiciales y antiéticas. Eso es harina de otro costal, pero la función básicamente eficaz de lo financiero no puede quedar oscurecida por las pasiones irreflexivas y, por lo tanto, irracionales.

Un sistema financiero es un todo ordenado e interdependiente, compuesto por un conjunto de reglas, instituciones, mercados, agentes y operaciones cuya finalidad principal consiste en canalizar el ahorro desde las unidades económicas con superávit hacia las unidades que en ese preciso momento tienen déficit y requieren financiación para sus proyectos. El sistema financiero permite la conexión amplia, rápida y flexible de los excedentes de los prestamistas con las demandas de los prestatarios que, al tener proyectos de empleo de recursos por encima de sus posibilidades, están dispuestas a pagar una remuneración por su utilización. La perfección en el diseño y funcionamiento de un sistema financiero condiciona el volumen de ahorro de la comunidad, mejora la coordinación de las decisiones tomadas por ahorradores e inversores y mejora también la asignación de los fondos que facilitan los pagos e intercambios en el sistema económico.

Ampliados cada vez más los derechos de propiedad hacia valores inmateriales en nuestra sociedad del conocimiento, las interrelaciones entre la economía real y los sistemas financieros se han hecho más profundas y la actividad y comportamiento de una afecta sensiblemente a la conducta de los otros. Es imposible separar el «velo monetario» de las corrientes económicas reales y la superestructura financiera no puede despreciar las situaciones y los ciclos de la infraestructura real. La responsabilidad de los protagonistas de todo sistema financiero se acrecienta al observar los beneficios potenciales sobre la economía real, y sobre lo más importante de ese sector real que es el factor humano. En nuestra economía con altas cotas de globalización, y aminorados los resabios ideológicos, se es cada vez más consciente de que el capital es un recurso escaso y benefactor.

El ahorro y la inflación – Apartado 4 – Capítulo VI – Justicia y Economía

JUSTICIA Y ECONOMÍA ÍNDICE GENERAL CAPÍTULO  VI  LA  EXIGENCIA  CONTINUA  DE  LA  MORAL  PERSONAL  EN  LA ECONOMÍA  LIBRE  DE  MERCADO. Apartado 4 El ahorro y la inflación. Si, por definición y como se ha dicho, el consumo improductivo sin moderación produce un efecto reductor del ahorro, el proceso más altamente pernicioso  para el ahorro es… Seguir leyendo El ahorro y la inflación – Apartado 4 – Capítulo VI – Justicia y Economía

«ANATOMíA DE LA CRISIS»

«ANATOMíA DE LA CRISIS»           Aunque cada conjunto de circunstancias que caracterizan una situación económica concreta es radicalmente original e irrepetible, conviene de vez en cuando sobrevolar el análisis coyuntural que nos atenaza, para contemplar el presente de cara al futuro con la perspectiva histórica que da la experiencia pasada. Si la economía tiene, respecto… Seguir leyendo «ANATOMíA DE LA CRISIS»

LA CARCOMA ESPECULATIVA Y FRAUDULENTA

          Mientras realizaba una lectura profesional me encontré por casualidad con algunos comentarios incisivos y clarificadores que, ante la avalancha de noticias preocupantes en los últimos tiempos, concentradas en el mundo del negocio fácil y del fraude por informaciones y poder privilegiados,  no he podido resistir la tentación de transcribir. Es preciso y urgente que todos hagamos examen de conciencia sobre las repercusiones que tales conductas pueden ocasionar en la credibilidad y potenciación del sistema económico general. No sólo del sistema financiero.

          Se trata de la obra crucial de John Maynard Keynes,  no catalogable precisamente como liberal, titulada «Teoría General de la ocupación, el interés y el dinero» Publicada por primera vez en 1936. Allí se explica que el estado de confianzaes un asunto al que los hombres prácticos conceden la atención más estrecha y preocupada siendo uno de los principales entre los factores que determinan la eficiencia marginal del capital, que es igual que la curva de demanda de inversión.

          Más adelante distingue entre el espíritu de empresa y la especulación. La palabra empresa o espíritu de empresa se reserva para la tarea de prever los rendimientos probables de los bienes por todo el tiempo que duren. La especulación en cambio se da cuando alguien que compra una inversión está poniendo sus esperanzas, no tanto en su rendimiento probable como en un cambio favorable en las bases convencionales de valoración. A medida que mejora la organización de los mercados de inversión, comenta también Keynes, aumenta el riesgo del predominio de la especulación.

          Tras definir estos conceptos Keynes escribe: «El objeto real y particular de la mayor parte de las inversiones de los expertos, hoy día, es «ganar la delantera» (to beat the gun), como dicen los norteamericanos; ser más listo que el vulgo, y encajar la moneda falsa o que se está depreciando a otra persona»   Más adelante se puede leer: «Los especuladores pueden no hacer daño cuando sólo son burbujas en una corriente firme de espíritu de empresa; pero la situación es seria cuando la empresa se convierte en burbuja dentro de una vorágine de especulación. Cuando el desarrollo del capital en un país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que aquél se realice mal.»

          Embarcados siempre en el gran reto de competitividad a nivel mundial, huelgan comentarios.

Todos nuestros doctores estuvieron por el libre mercado y, en especial y de manera explícita, Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Luis de Molina y Tomás de Mercado declararon que el precio moralmente justo no es el precio de coste, sino el formado de acuerdo con la oferta y la demanda, con exclusión de violencia, engaño o dolo, y siempre que haya suficiente número de compradores y vendedores, es decir, en ausencia de situaciones de monopolio, que estos doctores tenían por un crimen.

Rafael Termes Carreró, “Humanismo y ética para el mercado europeo”,en Europa, ¿mercado o comunidad? De la Escuela de Salamanca a la Europa del futuro. Publicaciones Universidad Pontificia, Salamanca, 1999, p. 33.

El cálculo económico de individuos, empresas e instituciones se realiza a través del dinero. A través del dinero se canalizan las necesidades y objetivos de los consumidores finales, estableciéndose determinados coeficientes de precios relativos entre los bienes. Cuando aumenta la cantidad de dinero disponible, el poder adquisitivo de la unidad monetaria decrece o, dicho más claramente, significa que con los mismos euros o dólares se pueden adquirir menos cosas que antes. Algunos estudiosos de la Economía prefieren por eso llamar inflación a ese aumento de la cantidad de dinero disponible en vez de la acepción más común y extendida que se refiere a la generalizada subida de los precios. Esta es, en efecto, la consecuencia necesaria y aquélla, la causa que lo produce. El objetivo básico, tanto económico como financiero, y también laboral, es, por lo tanto, controlar y hacer que la inflación disminuya. Los grandes desastres históricos han estado habitualmente precedidos de distorsiones y crisis económicas consecuencia de los procesos inflacionistas. La peor enfermedad monetaria y económica es la inflación.

      

   La ética en general, como la virtud ética de la justicia, no consiste en dar, cumplir obligaciones, tomar decisiones de ahorro, realizar inversiones o repartir cosas en base a los fríos datos impersonales que nos transmiten los índices o los innumerables conjuntos funcionales. La responsabilidad ética, por ejemplo, de quienes toman determinadas decisiones en una entidad financiera tiene que mirar por las consecuencias concretas sobre los accionistas, sobre los trabajadores específicos, sobre los depositantes o clientes con  sus originales peculiaridades. Para considerar el comportamiento ético en los mercados financieros el capital debe ser tratado no como una simple cosa neutral sino como algo cuya concreción depende de la decisión responsable de determinadas personas que lo aportan al logro de distintos objetivos empresariales. Detrás de todo índice y detrás de cada activo financiero y de toda concreción del capital hay que ver personas.

JJ Franch